jueves, mayo 24, 2018

El papelón de quienes dijeron “moderar” el segundo debate

Lo que vimos este domingo 20 de mayo fue un espectáculo lamentable por donde se quiera ver.

Ni siquiera vale la pena insistir en que los cuatro personajes que aspiran a ser presidente con la creencia de ser estadistas se comportaron como lo que son, un cuarteto de violentos.

Triste fue ver cómo este INE en aras de hacer un debate más participativo e incluyente, se dejó llevar por un formato muy al estilo gringo donde es más fácil mentar madres y padres que hacer propuestas y presentar proyectos de gobierno.

Muy pobre le resultó a esta autoridad electoral su intención de abrir el debate a la ciudadanía cuando en dos horas ninguno de los cuatro candidatos tuvo el decoro de responder realmente a las preguntas planteadas por seis de las 42 personas que por primera vez estuvieron en el encuentro entre presidenciables.

Pero lo que más pena dio fue la petulante, soberbia y sobre todo inútil participación de quienes dijeron que moderaban el debate presidencial.

En 1994 el entonces Instituto Federal Electoral (IFE) organizó el primer debate entre candidatos a la Presidencia (en ese entonces fue entre los tres punteros del PAN, PRI y PRD). El IFE consideró que quien moderara este encuentro debiera ser periodista, porque le daría certeza de objetividad e imparcialidad a su actuación.

La primera moderadora fue la periodista Mayte Noriega, quien en ese entonces conducía el telediario estelar de TVC, pero antes había encabezado el noticiario nocturno de canal 11.

Así se instituyó la costumbre de que fuesen periodistas quienes moderaran los debates. En la moderación han pasado Ricardo Rocha, Adriana Pérez Cañedo, Javier Solórzano y Guadalupe Juárez y por primera vez este año en el primer debate fueron tres periodistas: Azucena Uresti, Denisse Maerker y Sergio Sarmiento.

La autoridad electoral ha privilegiado a periodistas de la tele, como si en radio, en medios impresos o en Internet no hubiese colegas con capacidad para ello y quizá por eso el fiasco del segundo debate de este proceso electoral 2018.

Por querer poner nuevamente a estrellas de la tele es que el INE propuso a León Krauze y Yuriria Sierra para que moderaran y a la vista de los hechos fue no sólo una mala decisión, fue una pésima idea además ponerles lado a lado.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice que un moderador o moderadora es aquella “persona que preside o dirige un debate, asamblea, mesa redonda, etc.” y dice además que moderar es “templar, ajustar o arreglar algo evitando el exceso”.

Es decir, quien modera un debate debe dirigir la discusión evitando que las partes que intervienen cometan excesos o comiencen a hablar de otros temas.

¿Y qué hicieron Krauze y Sierra?

Creyeron que estaban conduciendo sus noticiarios y en vez de moderar un debate presidencial, se pusieron a interrogar a los candidatos; se dedicaron a interrumpirles en todo momento con una actitud soberbia hasta el exceso.

Ignoraron por completo el formato pactado por la autoridad electoral y peor aún, ignoraron y faltaron el respeto a las 42 personas que estaban presenciando el encuentro entre aspirantes y se asumieron sus voceros y los de todos y todas creyéndose con el derecho de exigir respuestas a sus preguntas.

Y no es que hayan perdido la cabeza, ya son así de por sí en sus espacios televisivos.

Lo peor será que aún tengamos que pagarles poco más de 240 mil pesos que es lo que el INE pagó a dos de las tres personas que si moderaron el primer debate de este año.

lunes, mayo 14, 2018

Un tuit… la punta de un monstruoso iceberg

Ese famoso tuit que reenvió el señor llamado Ricardo Alemán es apenas la punta de un monstruoso iceberg que muchos sectores han querido ocultar con la misma neblina que causó el accidente del Titanic.

En principio Ricardo Alemán, que ahora clama por perdón al linchamiento público, olvidó que si se cree periodista, tenia que haber hecho un ejercicio elemental: verificar la autenticidad del mensaje, comprobar la existencia del autor, ¿quién es?, ¿dónde trabaja?, ¿es real o es un bot? Hacer periodismo, pues.

Lo segundo que olvidó o se hizo maje, es considerar que hacer un retuit, o darle me gusta a una publicación significan, de facto, asumir una postura, estar a favor o en contra de lo que se ha publicado por otra persona.

Cuando Alemán hizo re tuit sin haber hecho la necesaria precisión, mostró públicamente que estaba de acuerdo con el mensaje original.

No importa si el señor después al borde del llanto y en papel de víctima quiso aclarar que no fue su intención. Ya irrisoriamente quiere acusar a un partido político de ser responsables de su propia estupidez.

En realidad no debería de sorprendernos lo que hizo Ricardo Alemán, porque ha sido congruente con su aberración hacia un candidato a la presidencia, odio que ha expresado prácticamente diario desde hace varios años y que lo volvió un personaje víctima de ofensas y agresiones constantes en plataformas sociales de Internet, especialmente en Twitter.

Y este es el meollo del asunto. El re tuit de Ricardo Alemán es tan sólo la punta de un monstruoso iceberg que existe desde que nació Twitter en 2004 y que en los últimos años ha ido creciendo pese al calentamiento global.

Twitter se ha convertido en una plataforma donde las expresiones de odio e incitaciones a la violencia han sido una constante todos los días, TODOS LOS DÍAS y no podemos olvidar las millones de cuentas que esta empresa estadunidense ha cancelado en el mundo por sus vínculos a grupos terroristas, neonazis, misóginos que incitan al odio, la violencia y al asesinato. Alemán sólo es uno más.

En México desde 2008 se encendieron las alertas cuando Twitter, Facebook o Youtube comenzaron a ser usadas por bandas del crimen organizado para convocar a sus acciones violentas, asesinatos, secuestros o ajustes de cuentas.

Y ya ni qué decir de los miles de publicaciones, fotos, memes, videos que circulan en estas y otras plataformas digitales con mensajes de odio por las filias o fobias por aspirantes a cargos de elección popular, partidos o sectores sociales; mensajes que crecen al ritmo que avanzan las campañas electorales.

Un buen amigo y experto en comunicación digital alguna vez me dijo. “No alimentes al monstruo”, al referirse a la necesidad de hacer caso omiso e ignorar a quienes nos agreden en Internet, pero esto es justamente lo que esta sociedad ha dejado de hacer, porque prefiere subirse al ring digital, convertirse en activistas de escritorio y gritones de redes sociales.

Y son muchos y muchas de esas personas transformadas en trolls las que ahora vuelven a agredir a Ricardo Alemán haciendo exactamente lo que dicen criticar.

Ya sólo como recordatorio:

El Derecho a la Libertad de Expresión, como derecho humano, nos pertenece a todos y todas y habremos de defenderlo; pero, el Derecho a la Libertad de Expresión tiene sus límites en el resto de derechos humanos y por lo tanto NO es un permiso ni patente de corzo para descalificar, discriminar, agredir, acusar en falso ni mucho menos para incitar al odio y convocar a cometer crímenes.

Ampararse en el derecho a la libertad de expresión para decir que es válido agredir o asesinar a alguien es un despropósito.

Pero también la libertad de expresión es y debe ser la única regulación que necesitan las plataformas sociales de Internet como cualquier otro medio de comunicación y que ya está debidamente legislado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

viernes, abril 20, 2018

Coberturas seguras durante el proceso electoral

Andrés A. Solis*
@aasolisa

Llevamos técnicamente once días desde el arranque legal de las campañas federales, falta el inicio de las campañas locales que este año involucran a 31 entidades del país, sólo Baja California no tendrá elecciones concurrentes.

Con el inicio de las campañas se echó a andar toda una operación y logística mediática en todo el país con la asignación y desplazamiento de cientos de periodistas que realizarán la cobertura para impresos, radio, televisión y medios digitales.

Los niveles de cobertura serán variables, pues habrá quienes estén siguiendo los pasos de aspirantes a la Presidencia de la República o quienes sólo estarán al tanto de eventos que realicen aspirantes una diputación local o una alcaldía.

Sin embargo, este despliegue de profesionales de la información, tiene o tendría que venir aparejado un plan individual y colectivo para que podamos hacer una cobertura informativa en condiciones de seguridad.

Hace unos días diversas organizaciones encabezadas por Artículo 19 presentaron una plataforma para dar seguimiento a cualquier incidente que ponga en riesgo el derecho a la libertad de expresión, pero esta plataforma no es exclusiva para periodistas y por tanto no es suficiente porque no se enfoca a la manera en que las y los periodistas realizamos nuestra labor.

Quienes haremos cobertura periodística de estas campañas, del día de la elección y de lo que suceda después, debemos tener protocolos de seguridad y protección diseñados por quienes tengan conocimiento en la materia. Lo ideal sería tener cursos al menos básicos de autoprotección y cobertura segura.

Es fundamental tener planes de seguridad para los grandes eventos masivos, pero hay situaciones de mayor riesgo en aquellas partes del país donde la presencia del crimen organizado y su perversa relación con los poderes locales es más fuerte.

Allí es donde nuestro gremio es más vulnerable y donde las organizaciones nacionales o foráneas que dicen proteger periodistas nunca han ido.

Hay que sumarle que ningún mecanismo gubernamental de protección ya sea federal o local ha presentado un plan de atención a periodistas que están cubriendo campañas.

El Mecanismo federal ha permanecido en silencio desde hace semanas cuando debería de estar actuando para garantizar la integridad física y profesional de periodistas y medios.

A finales del año pasado en la Ciudad de México se registraron agresiones contra periodistas durante eventos de precampaña y el Mecanismo de Protección de la capital del país apenas y supo cómo reaccionar y por supuesto que tampoco ha planteado un protocolo de protección para estos meses.

Y los propios medios tampoco hacen mucho por establecer esquemas de protección de su personal. Al menos puedo dar fe que en el medio para el que trabajo hicimos un protocolo de cobertura segura para nuestro equipo, pero del resto no sabemos.

Apenas inician las campañas y es tiempo de exigir que autoridades, medios y también las y los candidatos, sus partidos y equipos de campaña hagan algo para garantizar que la cobertura periodística se de en condiciones de seguridad y certeza.

* Periodista, autor del "Manual de Autoprotección para Periodistas" y de la "Guía de Buenas Prácticas para la Cobertura Informativa sobre Violencia"

lunes, junio 19, 2017

El problema es la inacción... y su displicencia

No tengo manera de decirles con claridad cuántas notas periodísticas se han publicado en lo que va del año al menos, que muestren la ineficiencia, inoperancia, inutilidad y demás del Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas de la Secretaría de Gobernación.

Y es que este año se ha vuelto cada vez más violento para quienes ejercemos el periodismo, aunque el subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, Roberto Campa Cifrián aún diga que las y los periodistas no enfrentamos nuestro peor momento. No quisiera pensar cuál sería ese panorama.

Las últimas semanas han sido para ver y leer los compromisos del Estado Mexicano de que ahora si van a dar protección a periodistas, de que ahora sí van a investigar los crímenes cometidos que por supuesto no son sólo ciento veintitantos homicidios; son casi 20 desapariciones, más cientos de miles de casos de agresiones físicas, de agresiones patrimoniales, de actos de acoso, de intimidación, de hostigamiento, de obstrucción al ejercicio profesional y una larguísima lista de tipos de agresiones cometidas por una gran variedad de tipos de agresores, donde los menos siguen siendo los criminales, aunque siguen siendo los más letales.

Pero como bien dice mi admirado colega José Reveles, no es la delincuencia la que asesina periodistas, y así lo muestran todos los informes que han hecho las organizaciones sociales y la Comisión Nacional de Derechos Humanos desde 2007 a la fecha, es decir, desde hace una década.

El problema no es sólo la terrible impunidad que cobija permanentemente los crímenes contra medios y periodistas. Debemos sumarle todo eso que el Estado mexicano en sus diferentes niveles ha dejado de hacer para garantizar que el ejercicio profesional del periodismo se haga en condiciones de seguridad y certeza.

Ahora prometen instalar "mecanismos de proteción", cuando debieron hacerlo desde 2012, cuando cada Gobierno estatal firmó un convenio de colaboración con el Gobierno Federal; cuando los pocos que existen operan igual o peor que el Federal.

Ahora hablan de hacer leyes de protección, cuando en algunos estados ya existen leyes y hay gobernadores que las quieren revocar; cuando hay algunas buenas iniciativas en entidades como Michoacán, Oaxaca, Querétaro, Estado de México, que simplemente no las aprueban los gobernantes en turno porque no se les da la gana; cuando muchos congresos locales nos han cerrado las puertas desde 2012 cuando hemos intentado proponerles los mínimos que pudiera contener una Ley de Protección y que no es precisamente la reacción policiaca que es lo primero que quieren.

Ahora hablan de garantizar el ejercicio del periodismo y la libertad de expresión, cuando son los propios gobiernos, comenzando por los municipales, los principales en impedir que las y los periodistas hagamos nuestra labor cotidiana, negándonos información, impidiéndonos el acceso a espacios públicos, negociando los convenios de publicidad a su modo y ahora hasta incluso, en aras de hacer su "Atlas de Riesgo", pretenden que cada periodista les anticipemos qué temas vamos a investigar... vaya absurdo.

No, si el problema no es sólo de criminalidad, es de su compulsión a mentir y a su displicencia.

martes, agosto 30, 2016

Entre periodistas y quienes creen serlo

El periodista y columnista español Miguel Ángel Bastenier escribió en su cuenta de Twitter @MABastenier que "el periodismo sólo lo enseñan los que son o han sido periodistas, lo que no significa que todos los periodistas sirvan de profesores".

Una gran frase que pone en la mesa dos verdades contundentes. Me refiero primero a la segunda, porque efectivamente no importa cuántos años de experiencia tenga una persona en el ejercicio profesional ni cuántos premios o trabajos muy reconocidas haya acumulado, enseñar es una labor difícil para la que se requieren ciertas habilidades y aprendizajes, aunque eso se aplica a cualquier profesión.

Pero la otra verdad en la frase de Bastenier está en que efectivamente, sólo quienes hemos transitado por el periodismo profesional podemos enseñarlo. Nadie en su sano juicio estudiaría Medicina si sus docentes no fuesen médicos; nadie estudiaría Ingeniería estructural con quien no sepa del tema.

Cuando hablamos de la crisis del periodismo en general y en México en lo particular, siempre me he referido a la cada vez más distante relación entre la academia y la vida profesional. En las Universidades cada vez hay menos periodistas profesionales y con experiencia impartiendo clase y es cada vez más común ver recién egresados o personas con otros perfiles académicos y laborales pretendiendo enseñar lo que nunca han aprendido.

Cierto es que cuando nacieron las primeras licenciaturas en Periodismo y/o comunicación, no eran licenciados en estas áreas quienes daban cátedra, no había, pero eran personas que aprendieron a hacer periodismo en el día a día, algunos tenían estudios universitarios.

Hoy la crisis del periodismo incluye la falta de profesionalización de las nuevas generaciones de periodistas, no sólo por la depauperada plantilla docente, Sino porque algunas escuelas han caído en la tentación de creer que pueden contratar como maestros a "tuitstars" y a "bloggers de los mil likes" que no son periodistas, pero se quieren convencer a sí mismos de lo contrario.