martes, julio 13, 2010

Verdad, veracidad y redes sociales

La noticia de que la Fiscalía de Venezuela acusará formalmente a dos ciudadanos de difundir rumores falsos en la red social Twitter sobre el sistema bancario, que habrían causado retiros masivos en algunas instituciones financieras el mes pasado pone en la mesa de discusión el peso de las redes sociales, la responsabilidad de su uso y la forma en cómo los gobiernos quieren encontrar pretextos para controlar la generación de mensajes en la red.

Según publicó la BBC,  Luis Enrique Acosta y Carmen Cecilia Nares, dos usuarios del sitio de microblogging localizados en el estado Bolívar, en el sur venezolano, fueron detenidos por la policía la semana pasada bajo supuestos previstos en la Ley de Bancos. (http://www.bbc.co.uk/mundo/america_latina/2010/07/100712_venezuela_acusan_twitter_lav.shtml)

La actitud del gobierno venezolano de pretender criminalizar las redes sociales me parece, como lo dijo Reporteros sin Fronteras, "desproporcionado", pero lamentablemente es la forma como actúa el señor Hugo Chávez Frías.

Las redes sociales, consecuencia del desarrollo de los blogs, ha sido el mejor ejemplo de que se pueden tener medios independientes y libres, sin compromisos ni con gobiernos ni empresas. Gracias a las redes sociales podemos hablar de que cada día hay un mejor periodismo ciudadano que cubre hechos que de otra manera no podríamos encontrar en los medios "convencionales".

Sin embargo hay otro tema fundamental y que poco se discute no sólo entre periodistas, sino también entre "blogueros", "feibuqueros" y "tuiteros" y que es la responsabilidad de lo que publicamos.

El colega "tuitero" @rexposito me ponía como ejemplo un caso español en donde mensajes difundidos a través de redes sociales generaron un terrible conflicto entre la constructora ibérica Sacyr y el propio Gobierno de Rodríguez Zapatero.

El caso venezolano es similar. Rumores generan cierta desconfianza en la población y hacen tambalear de alguna manera la de por sí precaria situación financiera venezolana.

En México recuerdo dos casos:

En el norteño estado de Tamaulipas comenzaron a correr mensajes en Twitter y Facebook sobre inminentes balaceras en ciudades como Matamoros, Reynosa y Nuevo Laredo, lo que generó temor entre la población.

El otro fue en el central estado de Morelos, a escasos 70 kilometros de Ciudad de México, donde un fin de semana de plano la sociedad de Cuernavaca no se asomó ni por las ventanas, ante las amenazas en redes sociales de que el crimen organizado había dispuesto de un "toque de queda" y que habría matanzas en esa ciudad que se disputan dos cárteles de narcotraficantes.

Unos días después estaba yo en esa ciudad hablando del tema con funcionarios del gobierno de Morelos y mostrándoles los errores que cometieron al no saber manejar la situación.

Las redes sociales y la propia Internet carecen de regulaciones legales en práticamente todo el mundo, sólo los gobiernos totalitarios (China, Venezuela, Cuba, Afganistan, etc) imponen condiciones para reestringir su acceso.

Es responsabilidad de quienes publicamos en redes sociales tener sentido ético de NO DIFUNDIR información falsa. Es un acto por demás irresponsable querer difundir mentiras con la intención de afectar a una persona, empresa, gobierno o a la sociedad entera. ¿Cuántos perdsonajes famosos han muerto en Twitter?

En el mismo sentido, los medios de información, quienes nos dedicamos al periodismo no podemos ser tampoco irresponsables como para simplemente reproducir estas falsedades sin verificar la fuente, sin confirmar los hechos y sin buscar otras fuentes de información.

Uno de los valores étios y deontológicos del periodismo es la Veracidad, que no es decir la verdad, pero sí contar historias verídicas y este principio, debería de ser también un código obligado para las personas que usamos las redes sociales para comunicar.

En contra parte... es prácticamente imposible pedirle a las personas que antes de creer un "post" en Twitter, busquen información en los medios... y esta falta de interés por noticias ciertas, es el campo fértil para la propagación de rumores.

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