lunes, agosto 30, 2010

Reportear en Redes Sociales

Hace unos meses comencé a trabajar en un taller de "Periodismo y Redes Sociales"; nada ambicioso, nada soberbio, sólo tratar de encontrar algunas herramientas útiles que nos ofrecen las redes sociales a las y los periodistas.

Ha salido bien, he podido dar tres talleres de esto, compartiendo experiencias con colegas... el chiste es aprender en grupo cómo usar las redes sociales de Internet para buscar información o para difundirla.

En las últimas semanas veo con preocupación y a veces un poco de desilusión, cómo muchos medios han comenzado a "reportear" Twitter; y digo que me deprime, porque lo único que hacen es "seguir a personajes importantes" y hacer una nota... si... ¡hacen una nota de lo que el o la personaje en cuestión acaba de "postear" en el microblogging!

"Operaron a mi hijo y está bien", "dejo Twitter", "me robaron mi coche, ¿alguien me ayuda?"; paráfrasis de noticias que he visto en sitios web de medios "serios" y que hasta ocupan "la de ocho".

¿Eso es reportear redes sociales?, ¿ver qué pone el presidente de la República en su cuenta de Twitter y hacer una nota es hacer periodismo?, ¿llevar la cuenta del analfabetismo funcional de Paulina Rubio es hacer reportería digital?

Y encima algunos medios presumen que tienen un Community Manager y un Staff especializado que da seguimiento a lo que sucede en redes sociales, en búsqueda de información.

En Europa hay escuelas primarias que ya enseñan a usar Redes Sociales. ¿Y si incluimos la materia en las escuelas de Periodismo?

miércoles, agosto 18, 2010

Prensa reaccionaria... no, de reaccionitis más bien

Hace una década, antes de que se consumara un hecho noticioso que sabíamos que sucedería, el jefe nos llamaba para preguntarnos "¨¿ya saben a quién van a entrevistar para las reacciones?", una tendencia que en realidad venía de varios años atrás en la prensa mexicana.

Tristemente no hemos hecho nada. Si cubrimos una "fuente", estamos al pendiente de lo que alguien diga, para de inmediato buscar la reacción de quien sea; hay que adelantarse al edirtor... mandar la reacción antes de que nos la reclamen.

La prensa mexicana se ha vuelto reaccionaria... o mejor dicho... tenemos una prensa de "reaccionitis", compulsivamente enferma de declaraciones y no de hechos noticiosos.

Las reporteras y reporteros nos hemos vuelto pedestales humanos que sólo sostenemos la grabadora o el micrófono en espera de una perorata de varios minutos, cuando soltamos la pregunta clave (la de casi todos los días)... ¿Qué opina de...?

La prensa nacional tristemente no propone la agenda, la obedece sin importar quién es quien la dicta. Dejamos la investigación de hechos relevantes porque no tenemos tiempo de investigar, porque estamos correteando declarantes que nos den su "influyente" opinión sobre lo dicho por alguien más.

Y lo más lamentable es que... sin ser periodistas mediums, YA SABEMOS qué nos van a decir.

El reciente debate de la declaratoria de constitucionalidad de los matrimonios civiles entre personas del mismo sexo es una muestra del triste papel que juegan los medios en este ir y venir, de ser el "corre ve y dile".

¿Qué relevancia noticiosa tiene que periodistas pregunten a un jerarca de la Iglesia Católica su opinión sobre el tema de los matrimonios gay en el DF?, ¿acaso esperaban que dijera algo distinto a lo que su fe le dicta y que además ha sido la postura de su institución religiosa desde que se comenzó a discutir el tema de estas bodas civiles?

Y encima de todo, ocupa los titulares de la prensa escrita y es la nota inicial de los noticiarios de radio y TV... y hasta discusión en Internet y sus redes sociales.

¿La sociedad quiere este tipo de dimes y diretes donde la prensa sólo es el triste escenario?, ¿le sirve a la sociedad que dediquemos taaaanto espacio a estas estériles y absurdas discusiones?, ¿nos hace mejores periodistas?

Yo nomás pregunto... a ver si hay "reaccionitis".

Imagen tomada de www.enlace.vazquezchagoya.com

martes, agosto 10, 2010

Ya marchamos, ya gritamos... ¿Qué sigue?

El sábado nos asoleamos, se nos hincharon los pies, gastamos zuela... nos reencontramos, nos saludamos, besamos, abrazamos y hasta brindamos... el "after" de la marcha.

El movimiento "Los Queremos Vivos" reivió aquel del 2004 de "Ni Uno Más" y ese fue el grito que cerró la movilización de este fin de semana en el que exigimos poner fin a las agresiones contra periodistas y medios, fin a la impunidad que acompaña las 64 muertes y 11 desapariciones forzadas de colegas en todo el país.

Y aún así la pregunta se repetía en todos los alrededores, de diversas maneras: "¿qué sigue?"

¿Qué sigue? Unificar las acciones de monitoreo y seguimiento de las agresiones contra periodistas y medios de comunicación, porque esto se ha convertido en punto de encono entre algunos y algunas colegas y organizaciones. Nos peleamos por dar "la primicia" de una agresión. Queremos la nota en Cencos, Artículo 19, Reporteros Sin Fronteras, CEPET, Prende, Fundación Buendía y descalificamos al resto diciendo que no tienen datos. Publicamos informes anuales y queremos hacerlo antes que el resto.

¿Qué sigue? Fortalecer ese monitoreo si, pero lograr que el resto de los medios lo publique, porque les importa un carajo si un colega es agredido y si éste no es de casa.

¿Qué sigue? Que los dueños de los medios se bajen de sus autos blindados y dejen en casa a sus guaruras y escoltas y salgan a reportear como lo hacemos todos los días. Qué paguen salarios dignos y no miserias; que ofrezcan contratos a "la perrada", seguros de vida, seguros de gastos médicos, protección a las familias de colegas asesinados y/o desaparecidos. Que paguen cursos de entrenamiento a su staff por igual, no sólo a dos o tres.

¿Qué sigue? Que las estrellas se bajen de su pedestal como lo hicieron el sábado Granados Chapa, Pepe Cárdenas, Epigmenio Ibarra, Pepe Carreño Figueras, Rossana Fuentes, que caminaron, sudaron y reportearon como el resto. ¿Dónde quedaron las estrellas de la radio y la tele que sólo gritonean y manotean ante las cámaras y los micrófonos?

¿Qué sigue? Una profunda autocrítica, honestidad y humildad para reconocer que hemos cometido errores en aras de competir por la nota; que nos hemos cegado ante la primicia y hemos puesto en riesgo la seguridad de nuestros pares y la propia.

Publiquemos los días que pasan sin que el Estado en todos sus niveles rinda cuentas de las investigaciones por los asesinatos y desapariciones, por los atentados contra los medios.

Eso es lo que sigue... o al menos una parte.

domingo, agosto 08, 2010

viernes, agosto 06, 2010

¿Por qué la Autoprotección para periodistas?

Hoy quiero compartir con ustedes este pequeño texto, que forma parte del prefacio introductorio de mi "Manual de Autoprotección para Periodistas". (2010)

EL QUEHACER DE LAS Y LOS PERIODISTAS

Hay una premisa que reza “Ninguna nota vale la vida” y sigo creyendo en ella, pero también tengo la certeza de que, como dicen grandes colegas como Gerardo Reyes, la labor del periodista es mostrar lo que en condiciones normales no es posible conocer, como casos de corrupción, abusos, ineficacias y hechos que siempre algo o alguien pretenderá mantener en lo oculto.

En años recientes hemos visto, leído y escuchado que México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Muchos lo hemos vivido en carne propia de diferentes maneras, otros y otras colegas lamentablemente no viven para contarlo. Escuchamos denuncias de organizaciones nacionales y extranjeras, discursos oficiales que reiteran su compromiso de defender la libertad de expresión, aunque en las estadísticas siguen siendo los funcionarios públicos y agentes de las fuerzas del orden quienes más agreden a representantes de la prensa.

No podemos soslayar el impacto que la delincuencia organizada va teniendo en el tema de las agresiones, pues si bien no son los narcotraficantes o secuestradores quienes más atentan contra periodistas, sí son los más implacables, son los que asesinan, secuestran y mutilan, orillando a los medios a preferir la autocensura.

Están también las organizaciones sociales, agrupaciones campesinas, sindicatos, estudiantes, maestros y muchas más, que de antemano descalifican la labor de quienes cubren sus movilizaciones, les tachan de “vendidos”, y cuando hay enfrentamientos con las fuerzas del orden, lo mismo tiran piedras a los granaderos que a quienes usamos cámaras y grabadoras como herramienta de trabajo, porque en ese momento nos convertimos también en “el enemigo”.

Ser periodista nos ubica ya en haber elegido una profesión de alto riesgo. Alguna vez en un programa televisivo de la BBC de Londres y transmitido a nivel mundial por Discovery Network, se daba constancia que el periodismo estaba en la lista de las diez profesiones más peligrosas del mundo. A eso hay que sumarle agravantes lamentables como que en muchos países, “Periodista” no llega al reconocimiento legal de un Empleo y acaso se le considera un Oficio y por eso no hay un Salario Mínimo y si lo hay no siempre se cumple (cuando trabajaba en Radiogrupo Aguascalientes, mi contrato decía que yo era “Asesor de Noticias” y no Reportero, entonces la empresa no estaba obligada a pagarme el Salario Mínimo Profesional que en ese entonces rondaba los tres mil 500 pesos mensuales y me pagaban apenas mil 200 pesos cada 30 días).

Trabajamos sin protección de nuestras empresas, sin seguro de vida, de gastos médicos, muchas veces sin gastos para traslados o alimentación y sobre todo, sin entrenamiento, porque pocas empresas de medios gastan en capacitación para sus periodistas y la mayoría terminamos pagando nuestros cursos a sabiendas que no obtendremos un mejor empleo y sólo podemos desequilibrar nuestra situación económica.

¿Por qué hacer un manual de autoprotección para periodistas?

Porque la situación de quienes ejercemos esta profesión es muy lamentable y se recrudece y agrava entre colegas que laboran en pequeños medios de pequeñas ciudades del interior de la República Mexicana, lo que se repite en casos aún más lamentables en otras naciones latinoamericanas.

Porque no hay interés de los propietarios de los medios por la seguridad de su personal; porque en la mayoría de las veces al menos hacen parecer que somos desechables y pueden prescindir de nuestros servicios cuando les plazca; porque los grandes empresarios de los medios sí tienen vehículos blindados y escoltas personales y claro, no salen a reportear a la calle, pero sí exigen la nota; y porque pueden llegar al colmo del cinismo de irse del país “para proteger la integridad editorial de su medio”, no importa que asesinen o secuestren a sus empleados.

Porque a los medios parece no importarles la situación de los propios medios. Cuando un colega es agredido, he escuchado comentarios de otros colegas diciendo “se lo buscó”. Cuando una reportera es violentada a veces es doblemente víctima, por ser periodista y por ser mujer y el resto de colegas varones hace caso omiso; porque se ha hecho costumbre que el asesinato de un o una periodista es etiquetado inmediatamente como un crimen pasional. Los medios no publican la agresión que sufre la competencia, pero grita, exige y reclama hasta el cansancio cuando la víctima es de su propia casa… y eso cuando lo hacen, porque hay medios que incluso tienen prohibido que sus periodistas hablen o den a conocer que fueron víctimas de una agresión.

Este texto no resolverá el problema de la violencia hacia la prensa, pretende al menos ser una guía que ayude a las y los colegas a tomar medidas precautorias en lo individual y colectivo para protegerse.

Este Manual no es ni pretende ser definitivo, sino un primer paso para su posterior enriquecimiento. Tampoco es consecuencia de un trabajo meramente individual, incluye aportaciones de muchos y muchas colegas a lo largo de varios años, en pláticas de café o a través de foros presenciales y virtuales como el del Centro de Periodismo y Ética Pública (Cepet), de revisiones de otros textos destinados al tema de la seguridad, de charlas con policías y militares (en activo o retirados) de países como México, Panamá, Colombia, Perú, Argentina, Brasil y España. Fueron casi seis años de recopilar las ideas e inquietudes comunes para ponerlas en un solo lugar.

Hay otros textos que hablan del tema, pero están pensados para periodistas que cubren conflictos armados fuera de su país, particularmente guerras; o bien se trata de manuales que están enfocados a una realidad distinta a la mexicana, como el Manual de Autoprotección de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), que se centra en el Conflicto Colombiano...

Y como dicen especialistas en el tema: La seguridad es un ejercicio que comienza siempre en primera persona.

miércoles, agosto 04, 2010

El peor silencio... es el de las empresas de medios

Octubre de 2004, un pequeño grupo de colegas se reunió en la explanada del Monumento a la Revolución en Ciudad de México, mientras en forma simultánea sucedía lo mismo en otras ciudades del país. En ese momento nacía la campaña permanente "Ni Uno Más" que durante casi seis años ha pugnado por poner fin a las agresiones, atentados, secuestros, desapariciones forzadas y asesinatos contra periodistas y también contra los ataques a los medios.

Marchamos y acudimos ante las autoridades y el Congreso y nos recibieron; nos oyeron sin escucharnos y lo peor... NO FUIMOS NOTICIA, porque a los medios no les interesaba en ese momento, como no les interesa ahora lo que le suceda a quienes vivimos el periodismo en las calles y en las redacciones, no detrás de enormes escritorios de lujosas oficinas o detrás de micrófonos de emisoras radiales y cámaras de televisión, que son muy buenos para manotear y gritonear.

"Ni Uno Más" fue un esfuerzo fuertemente apoyado por lo que en ese entonces era "Reporteros y Editores", hoy el Centro de Periodismo y Ética Pública (Cepet), del cual he sido socio desde su fundación y en el que tuve el privilegio de trabajar encabezando, precisamente, el programa de Libertad de Expresión, documentando las agresiones contra nuestro gremio.

Hoy el secuestro de cuatro colegas en Durango ha sido el detonador de una nueva marcha convocada por nuestro gremio para el sábado 7 de agosto, para volver a tomar las calles en una caminata silenciosa desde la Columna de la Independencia, nuevamente hacia la Procuraduría General de la República; para exigir que se resuelvan las decenas de muertes de colegas periodistas en todo el país y la desaparición de otros más que no tuvieron el impacto, los reflectores ni la "eficiencia" que mostró la semana pasada la PGR.

Marcharemos y nos oirán sin escucharnos y volveremos a trabajar todos los días, esperando que se resuelvan los crímenes que enlutan al periodismo mexicano, a decenas de familias y a la sociedad entera que en cada agresión a un periodista vive una agresión a su derecho a estar informada.

Sin embargo... lo triste es que los empresarios de los medios siguen indolentes ante esta guerra declarada contra la prensa. Si agreden a un colega su medio no lo defiende, si es "levantado" su medio no lo denuncia ni apoya a su familia; si es víctima de homicidio, su medio lo calla y sigue con sus ediciones.

Gritan y reclaman al Gobierno por la "Libertad de Expersión", pero hacia adentro... les importamos un carajo...

Los empresarios nos creen desechables y fácilmente sustituibles por colegas recién egresados de una universidad y que aceptarán peores salarios.

Nos pagan salarios de hambre y sin condiciones favorables como seguridad social, vacaciones, seguro de gastos médicos, seguro de vida, apoyo en equipamiento... y en la mayoría de los medios de los Estados... es "por honorarios", para que nos corran cuando quieran y de paso no siquiera hacer antigüedad.

Los medios no invierten en capacitación y menos si esa capacitación tiene que ver con lograr mejores coberturas.

La delincuencia no dejará de amedrentarnos; el Estado tampoco. El Estado mantendrá su retórica y prometerá sanciones más "severas" contra quien atente contra la prensa, pero no concluirá las investigaciones ni encarcelará a nadie.

Pero lo peor de todo... LAS EMPRESAS DE MEDIOS SEGUIRÁN IGUAL... HACIENDO NADA POR QUIENES TRABAJAMOS EN ESTE NOBLE OFICIO DE CONTAR HISTORIAS.

Aún así... mis zapatos se desgastarán este sábado al lado de las de mis amigos, amigas y colegas.