viernes, agosto 06, 2010

¿Por qué la Autoprotección para periodistas?

Hoy quiero compartir con ustedes este pequeño texto, que forma parte del prefacio introductorio de mi "Manual de Autoprotección para Periodistas". (2010)

EL QUEHACER DE LAS Y LOS PERIODISTAS

Hay una premisa que reza “Ninguna nota vale la vida” y sigo creyendo en ella, pero también tengo la certeza de que, como dicen grandes colegas como Gerardo Reyes, la labor del periodista es mostrar lo que en condiciones normales no es posible conocer, como casos de corrupción, abusos, ineficacias y hechos que siempre algo o alguien pretenderá mantener en lo oculto.

En años recientes hemos visto, leído y escuchado que México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Muchos lo hemos vivido en carne propia de diferentes maneras, otros y otras colegas lamentablemente no viven para contarlo. Escuchamos denuncias de organizaciones nacionales y extranjeras, discursos oficiales que reiteran su compromiso de defender la libertad de expresión, aunque en las estadísticas siguen siendo los funcionarios públicos y agentes de las fuerzas del orden quienes más agreden a representantes de la prensa.

No podemos soslayar el impacto que la delincuencia organizada va teniendo en el tema de las agresiones, pues si bien no son los narcotraficantes o secuestradores quienes más atentan contra periodistas, sí son los más implacables, son los que asesinan, secuestran y mutilan, orillando a los medios a preferir la autocensura.

Están también las organizaciones sociales, agrupaciones campesinas, sindicatos, estudiantes, maestros y muchas más, que de antemano descalifican la labor de quienes cubren sus movilizaciones, les tachan de “vendidos”, y cuando hay enfrentamientos con las fuerzas del orden, lo mismo tiran piedras a los granaderos que a quienes usamos cámaras y grabadoras como herramienta de trabajo, porque en ese momento nos convertimos también en “el enemigo”.

Ser periodista nos ubica ya en haber elegido una profesión de alto riesgo. Alguna vez en un programa televisivo de la BBC de Londres y transmitido a nivel mundial por Discovery Network, se daba constancia que el periodismo estaba en la lista de las diez profesiones más peligrosas del mundo. A eso hay que sumarle agravantes lamentables como que en muchos países, “Periodista” no llega al reconocimiento legal de un Empleo y acaso se le considera un Oficio y por eso no hay un Salario Mínimo y si lo hay no siempre se cumple (cuando trabajaba en Radiogrupo Aguascalientes, mi contrato decía que yo era “Asesor de Noticias” y no Reportero, entonces la empresa no estaba obligada a pagarme el Salario Mínimo Profesional que en ese entonces rondaba los tres mil 500 pesos mensuales y me pagaban apenas mil 200 pesos cada 30 días).

Trabajamos sin protección de nuestras empresas, sin seguro de vida, de gastos médicos, muchas veces sin gastos para traslados o alimentación y sobre todo, sin entrenamiento, porque pocas empresas de medios gastan en capacitación para sus periodistas y la mayoría terminamos pagando nuestros cursos a sabiendas que no obtendremos un mejor empleo y sólo podemos desequilibrar nuestra situación económica.

¿Por qué hacer un manual de autoprotección para periodistas?

Porque la situación de quienes ejercemos esta profesión es muy lamentable y se recrudece y agrava entre colegas que laboran en pequeños medios de pequeñas ciudades del interior de la República Mexicana, lo que se repite en casos aún más lamentables en otras naciones latinoamericanas.

Porque no hay interés de los propietarios de los medios por la seguridad de su personal; porque en la mayoría de las veces al menos hacen parecer que somos desechables y pueden prescindir de nuestros servicios cuando les plazca; porque los grandes empresarios de los medios sí tienen vehículos blindados y escoltas personales y claro, no salen a reportear a la calle, pero sí exigen la nota; y porque pueden llegar al colmo del cinismo de irse del país “para proteger la integridad editorial de su medio”, no importa que asesinen o secuestren a sus empleados.

Porque a los medios parece no importarles la situación de los propios medios. Cuando un colega es agredido, he escuchado comentarios de otros colegas diciendo “se lo buscó”. Cuando una reportera es violentada a veces es doblemente víctima, por ser periodista y por ser mujer y el resto de colegas varones hace caso omiso; porque se ha hecho costumbre que el asesinato de un o una periodista es etiquetado inmediatamente como un crimen pasional. Los medios no publican la agresión que sufre la competencia, pero grita, exige y reclama hasta el cansancio cuando la víctima es de su propia casa… y eso cuando lo hacen, porque hay medios que incluso tienen prohibido que sus periodistas hablen o den a conocer que fueron víctimas de una agresión.

Este texto no resolverá el problema de la violencia hacia la prensa, pretende al menos ser una guía que ayude a las y los colegas a tomar medidas precautorias en lo individual y colectivo para protegerse.

Este Manual no es ni pretende ser definitivo, sino un primer paso para su posterior enriquecimiento. Tampoco es consecuencia de un trabajo meramente individual, incluye aportaciones de muchos y muchas colegas a lo largo de varios años, en pláticas de café o a través de foros presenciales y virtuales como el del Centro de Periodismo y Ética Pública (Cepet), de revisiones de otros textos destinados al tema de la seguridad, de charlas con policías y militares (en activo o retirados) de países como México, Panamá, Colombia, Perú, Argentina, Brasil y España. Fueron casi seis años de recopilar las ideas e inquietudes comunes para ponerlas en un solo lugar.

Hay otros textos que hablan del tema, pero están pensados para periodistas que cubren conflictos armados fuera de su país, particularmente guerras; o bien se trata de manuales que están enfocados a una realidad distinta a la mexicana, como el Manual de Autoprotección de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), que se centra en el Conflicto Colombiano...

Y como dicen especialistas en el tema: La seguridad es un ejercicio que comienza siempre en primera persona.

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