viernes, febrero 24, 2012

A manera de respuesta a un post

En respuesta a mi post anterior, mi amigo y colega periodista Mario Aburto Castellanos me compartió esta extraordinaria reflexión que transcribo, para evitar ser objeto de acusaciones por plagio.

Sé, mi estimado Andrés, que su texto versó sobre la no calidad moral para enjuiciar actos inmorales, que deriva de una pugna hoy típica de muchos ámbitos por plagio. En este último tema hay cuestiones (disculpe la extensión) que no veo se toquen en los medios, p. ej. se suele hablar de plagio, pero, ¿qué es un plagio?, según la RAE, "1. m. Acción y efecto de plagiar (‖ copiar obras ajenas). 2. m. Am. Acción y efecto de plagiar (‖ secuestrar a alguien)." Y 'plagiar': "1. tr. Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias." Pareciera que todo está claro y que las leyes también lo son, pero existen ciertas cuestiones aún problemáticas y límites no del todo claros en esta noción (por eso los indignados denuncian por plagio [y no otra cosa] y por eso también cualquier querella legal requiere de la "interpretación" de un juez); p. ej. no existe una distinción precisa y rigurosa entre 'imitación', 'plagio estilístico', 'copia', 'réplica' o 'falsificación'.

Durante siglos la acepción del término ('plagio') tenía sólo la connotación de 'rapto' [sólo hace falta revisar diccionarios del s. XVIII hacia atrás] que acota la RAE en su segunda acepción (derivada del latín 'plagiāre' y a su vez del griego 'plekein': embaucar, enredar, pero en el sentido de atrapar con red: una 'plaga' se entretejía [la raíz indoeuropea '-plak'] en la planta y parasitaba en ella).

El concepto moderno del término plagio, y también el ideal de 'originalidad', emergió en Europa sólo hasta el siglo XVIII, particularmente en el movimiento conocido como Romanticismo; durante todos los siglos anteriores, no sólo la literatura se consideraba 'publica materies': una especie de propiedad común de la que cualquiera podía tomar prestado lo que deseara (de la que los actuales movimientos copyleft, free/open y creative commons informáticos son herederos), sino que se alentaba a los autores y artistas a, literalmente, "copiar a los maestros lo más detalladamente posible", y mientras más idéntica la copia, más fina la obra; lo mismo sucedía en la literatura que en la música, pintura o escultura, al grado que se consideraba presuntuoso ("farol" pa' los cuates) que los escritores inventaran sus propias tramas: en su tiempo, la obra de Shakespeare fue alabada por su similitud con los admirados clásicos (¿por qué la mayoría de las obras de un inglés de entre 1500 y 1600 están repletas de tramas itálicas clásicas?) y el ideal era "evitar las invenciones innecesarias". Los ideales modernos de originalidad y repudio del plagio (como copia usurpada) aparecieron en el siglo XVIII, en el contexto de la historia política y económica del comercio de libros (¿qué raro que sean escritores [y las instituciones que los sostienen y publican] los que típicamente impugnan plagios?), que sería ejemplar e influyente para la subsecuente y más amplia expansión del capitalismo, y la hoy defensa de esa propiedad intelectual o industrial. La "originalidad", que tradicionalmente se consideraba imposible, se convirtió en obligatoria con el nacimiento de la ideología del individualismo.

Más tarde, en ese mismo siglo, el movimiento Romántico culminó la transformación de las ideas clásicas sobre literatura cuando desarrolló su mito de la "inspiración artística" desde la creencia en el "acto de creación literaria inimitable e individualizada" y lo llevó hasta la ideología de la "creación desde la nada" de un texto (en clara contradicción, texto deriva de tejido) que es un "objeto autónomo producido por el genio individual".

Esta idea del siglo XVIII, y su ideología y moral, tuvieron gran éxito sólo en el ámbito de los códigos de ética del periodismo y la academia (con la producción de investigaciones originales), y hoy de los códigos informáticos y todo lo informatizado (durante mucho tiempo el movimiento hacker pugnó por y aplicó la gratuidad del software, hasta que un jovencillo vino a voltear de cabeza todo cuando sostuvo, promovió y casi impuso al software propietario como defensa de los creadores de sus códigos: William Henry Gates III), pero en las artes hubo un movimiento contrario que no sólo mantiene viva la antiquísima tradición del copiado como práctica fundamental del proceso creativo, sino que con el boom de los movimientos modernistas y postmodernistas ha tenido una espectacular acceleración, difusión, crecimiento y amplificación sin precedentes, al grado de que se considera la epítome de las técnicas, procedimientos y métodos de estos y muchos movimientos actuales nacidos de ellos, de hecho, el plagio se tolera entre los artistas del siglo XXI.

En los contextos legales, el plagio, como robo o hurto, "no existe": la palabra 'plagio' ni siquiera es mencionada en ninguno de los actuales estatutos criminales o civiles, en ellos se utilizan "competencia desleal" o "violación de la doctrina de los derechos morales" o "violación a los derechos de autor", que muchas veces se palian con una "disculpa jurídica por omisión" (como sucedió con los textos publicados por Alatriste); otra cosa son los "derechos de reproducción" y su cesión, que tiene más complicaciones porque se basa en la "autoría", "propiedad" y "originalidad", evidentemente insustentables.

También existe el 'autoplagio' (conocido en la jerga legal como 'fraude por reciclado'), que consiste en reutilizar partes importantes, muy parecidas o idénticas del trabajo propio sin reconocerlo o aceptarlo expresamente; dentro de la concepción actual, heredada del Romanticismo, además del problema ético, la práctica puede ser ilegal si los "derechos de autor" de obras previas se "transfieren" a otras entidades.

En los medios difícilmente se presenta la postura de los defensores del copyleft, free/open y creative commons, y mucho menos la preromántica 'publica materies', que creo son importantes para contextualizar, ¡saludos y un abrazo!

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