viernes, agosto 22, 2014

Un cuarto de siglo contando historias

Fue en Agosto de 1989. Recuerdo que por andar de vale gorro se me fueron las convocatorias para hacer examen de ingreso a algunas universidades y sólo tuve la opción de presentar el de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y chin... me quedé para estudiar comunicación, pero las clases iniciarían hasta octubre.
 
Pero yo ya sabía que quería ser periodista, aún sin tener que estudiar una licenciatura, así que antes de pisar un aula universitaria comenzó esta aventura sin retorno de contar historias.
 
No se cuántas he escrito y publicado, pero han sido todo tipo de historias: simples, complejas, absurdas, inútiles, interesantes, aburridas, enriquecedoras, reconocidas, premiadas, vilipendiadas, ha habido de todo y para todo.
 
Fui esclavo de redacción, o sea Hueso, o elegantemente "Office Boy", pero también corrector de estilo, formador,  fotoperiodista, caricaturista,  reportero, columnista, editor, director y cada cosa me ha ayudado a comprender mejor los procesos de construcción de la noticia.

He aprendido de grandes periodistas (ahora algunos me precio de decirles amigo o amiga), pero también soy de una generación de jóvenes periodistas que quisimos alejarnos de las añejas prácticas que tristemente en algunos sitios persisten.

Son ya 25 años de ejercicio profesional y en esos años he podido recorrer las 32 entidades federativas de este país y uno que otro territorio extranjero. Ciudades modernas, pueblos abandonados, miles de kilómetros de autopistas, carreteras, brechas, en valles, selvas, montañas, desiertos, playas, a pie, a lomo de mula, en bici, en auto, en avión... en zonas peligrosas y en paraísos terrenales. He vivido en seis entidades federativas por gusto, por obligación y por necesidad.

Me he mojado, enlodado, sudado, pasado hambre, sueño, frío y con el cansancio de regresar sabiendo que hay que redactar o volver a viajar o quizá tener que regresar por otra entrevista luego de pelearme con mi editor o editora en turno.

No me hecho más rico ni menos pobre, acaso todo lo contrario, pero aquí sigo de terco, como dijera mi querido Rogelio Hernández López: "somos el alacrán de la fábula".

Son ya 25 años en los que también tengo la obligación de ofrecerles mi agradecimiento por ser parte de mi historia reporteril a todas y cada una de las miles de personas que se han cruzado en mi camino y especialmente a las que siguen aquí.

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